Genética extraña
Publicado por El mundo en que vivís | Archivado en Educación, salud, Vida
Alguien dijo que la hemofilia es la venganza de la mujer hacia el hombre por hacerla parir. Ella lo transmite y él la padece. Como consecuencia, la sangre no coagula y una herida sin importancia puede resultar mortal.
Hay otra hemofilia que transmite el hombre a la mujer: la violencia. En este caso la herida la genera él y si no coagula es porque cuando sus plaquetas intentan actuar ella recibe otro golpe que abre de nuevo la herida.
Francisco vivió su infancia entre golpes, pero como espectador. Era habitual ver a su padre golpeando a su madre sin más motivo que una sopa fría. Él era pequeño y por aquella época, años 60, si no era normal, sí era por lo menos aceptado desde un silencio cómplice.
En su entorno era bien sabido el maltrato hacia su madre. Vecinos, familia, profesores, amigos. Los gritos en la comunidad y los hematomas en la calle eran todo un cuaderno de bitácora de lo que allí ocurría. Nadie hacía nada.
Su madre lo llevaba con resignación. Era la cruz que le había tocado arrastrar. Además, puede que su marido tuviera algo de razón cuando la agredía: nunca había sido una buena ama de casa y eso te pasa factura.
Francisco hoy enfila los 60 años. Su padre murió y su madre, muy mayor, vive en una residencia.
Un día hablando con su tío supo que su padre había sido testigo de las palizas que su abuelo daba a su abuela. Testigo mudo y alumno aventajado el padre de Francisco. Seguramente su abuelo vivió algo parecido en su infancia y así sucesivamente.
La violencia hacia la mujer se había transmitido de generación en generación como reverso de la hemofilia clínica. Siempre igual, inalterable: el hombre la transmite la mujer la padece.
Francisco se casó con Magdalena. Se juraron amor eterno: en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza. No fue así, el matrimonio duró 14 años y su mejor fruto fueron tres hijos: Conchita, Almudena y Javier, toda su vida concentrada en ellos.
A pesar del temor que tenía Francisco de seguir la herencia familiar jamás levantó la mano a su mujer. Hoy sabe que la hemorragia ya no es posible, la enfermedad ha desaparecido de sus cromosomas. Sólo necesitaba unas buenas plaquetas que bloquearan la herida y supo encontrarlas en Conchita, Almudena y Javier.
¡Ya está bien! Se dijo. Y la genética calló.

Si digo ¡basta! termino con cualquier genética …. ¡totalmente de acuerdo! ….
Gracias cielo
Me ha parecido fantástico. Duro, pero real y al mismo tiempo, lleno de esperanza. Queda mucho por andar en este tema, esta lacra social, pero se dan muchos pasos. Algunos, posts como éste.
Muchas gracias Merce. Me gustaría seguir viéndote por aquí.
Es muy fácil echarle la culpa de todo a algo; nuestra memoria genética es el 50% de nosotros pero no es NOSOTROS ¡podemos modificar lo que no nos gusta, podemos cambiar.
La sociedad llora, grita,..Pero a la hora de la verdad corre un tupido velo con lo que le molesta.
Una imagen de golpes nos altera 5 minutos, la hambruna del mundo nos hace cambiar de canal, eso si, nos ponen un maltrato de animal y corremos…uufff que buenos somos, eh?
Ojala algún día seamos conscientes y hagamos algo más que mirar hacia otro lado.