En la cocina

 

-  No te puedes ir sin probar estas cocretas

-  Mamá, no me estás haciendo caso. Y se dice croquetas.

-  A tu padre le gustaban mucho. Creo que fue lo que terminó de enamorarle. Aún recuerdo su cara cada vez que me veía trabajando la masa. ¿Hoy cocretas?, me decía y luego me besaba en la cara. Tu padre era como un niño.

-  Mamá, por favor, ¿quieres prestarme atención? Te estoy diciendo que me caso, deberías alegrarte.

-  ¡Umhhhh! Mira, pruébalas ahora que el rebozado está crujiente. Anda, abre la boca. Cuidado que quema un poco, ¡eh! Sopla.

-  Mamá, yo me como la croqueta, pero necesito que me digas si vas a venir a mi boda. Quiero que vengas. Tienes que venir. Eres mi madre.

-  A mí me enseñó a hacer cocretas mi abuela, tu bisabuela, vamos. Mi madre estaba demasiado liada con la tienda para meterse en la cocina. Recuerdo que de pequeña ir a casa de mi abuela significaba que ese día comíamos bien. Con mi madre no, definitivamente no sabía cocinar. Todo eran cosas rápidas para cubrir el expediente, arroz, pasta, huevos.

-  La boda es el 3 de junio, en el ayuntamiento. Y me caso muy enamorada. Sofía es una mujer maravillosa. Ya verás como cuando la conozcas te va a gustar. Su madre es de un pueblecito de Ávila, como tú. A lo mejor hasta os conocéis porque debéis tener la misma edad y cuando tú eras pequeña irías a las fiestas de su pueblo o ella a las del tuyo. Mira que si os conocéis. También se llama Sofía.

-  No me gusta que te cases con una mujer. Ya lo sabes. Llámame antigua si quieres, pero a ojos de Dios eso no está bien. Se lo quise preguntar a Don Leandro pero me dio vergüenza y no me atreví.

-  ¿Preguntar qué, mamá?

-  Pues eso, que mi hija se case con otra mujer. Que qué opinaba y qué debía hacer.

-  Entonces, ¿para ti es más importante lo que diga un cura que lo que diga tu hija? Te estoy pidiendo por favor que vengas a mi boda. Va a estar toda la gente que quiero y tú no puedes faltar.

-  Tengo un poco de tortilla de ayer en la nevera. ¿Quieres que te caliente un trozo? O mejor, te la guardo en un tupper y te la llevas a casa. ¿Y a qué se dedica esa chica?

-  Esa chica es mi novia con la que me voy a casar y se llama Sofía. Trabaja en un banco, en el Santander en una oficina por Méndez Álvaro. Mira, tú que tienes la pensión en el Santander si necesitaras algo te podría ayudar.

-  Están muy mal las cosas en los bancos. Todos los días en la noticias lo dicen. ¿Ella está ya fija o todavía no?

-  Sí mamá está fija. ¿Pero eso qué te importa?

-  Pues yo quiero lo mejor para mi hija y a ver si os vais a ilusionar y luego la despiden y fíjate qué panorama.

-  Pues no la van a despedir. Y si la despiden encontrará otro trabajo porque ella es muy lista.

-  La tortilla te la guardo en el mismo tupper que las cocretas. Que como no me los devuelves me estoy quedando sin tupper.

-  Croquetas mamá, croquetas. Y sí, pónmelo todo junto. No pasa nada. Además, al final todo acaba revuelto en el mismo sitio.

-  Ay hija, qué desagradable eres. No digas guarrerías que tú nunca has hablado así. ¿Y por qué te tienes que casar en el ayuntamiento? A Don Leandro le hubiera gustado casarte. Él te dio la Primera Comunión. Pero claro, como te casas con otra chica, no le parecería bien.

-  Mamá, no me puedo casar en la iglesia porque no está permitido. Sólo en el ayuntamiento. Y Don Leandro prefiero que no aparezca.

-  Pues no sé por qué le tienes tanta manía. Desde que murió tu padre me ha ayudado mucho. Me metió en el grupo de la visita del Papa y fue muy divertido.  Además, siempre me pregunta por ti. Claro que yo no le digo nada de lo de esa chica.

-  Sofía, So-Fí-A.

-  Pues Sofía. Mira, como la reina. Si tenéis un niño le podéis poner Felipe. ¡Ah no! Que no podréis tener niños. Por cierto, y tú y ella cuando queréis, ya sabes, eso…¿cómo …? Casi es mejor que no me lo cuentes. No,
no me lo cuentes que…ojos que no ven corazón que no se entera de nada.

-  Mamá, Sofía y yo nos amamos como tú amabas a papá. Igual. Que sea una mujer no importa porque el amor no entiende de sexos. Y sí queremos tener hijos y hay muchas formas de hacerlo sin que haya un hombre.

- Pues ya me dirás cómo. Porque ahora con el Internet ese se pueden hacer muchas cosas, pero hijos seguro que no.

-  Hay clínicas que te lo hacen. Y también se puede adoptar.

-  Yo de joven era muy guapa. Tenía a todos los chicos del pueblo a mis pies. Pero conocí a tu padre y ya no tuve ojos para nadie más. En aquella época eso que vas a hacer tú no existía. Todo era más normal. Te conocías y te casabas. Luego tenías hijos y ya está. Sin cosas raras. Y no creas que nos aburríamos que siempre teníamos algo que hacer.

-  Mamá, por favor, ¿quieres dejar de irte por los Cerros de Úbeda? No me contestas a mi pregunta. ¿Vas a venir a mi boda? ¿Sí o no?

-  Toma, te lo pongo todo en esta bolsa. ¿quieres algo de fruta? Tengo unas mandarinas que me trajo ayer Encarna. Toma, llévate un par de ellas. Ya verás qué dulces están. Son de Levante, Levante. Las mejores.

-  ¿Vas a venir a mi boda? ¿Sí o no?

- ¡Ay hija, cómo te pones! A veces eres muy arisca. Pues a ver, qué remedio. Para una hija que tengo y que se me casa, pues tendré que ir. Pero cuando llegue lo del vals yo me voy al baño ¡eh! Y que no te moleste.

- No mamá. No me molesta. Gracias. Te quiero.

- ¡Ah! Y me sientas lejos de tu tía Carmen que ya está gagá.

Tagged : , , ,

Deja un comentario