La vida te lleva por caminos raros

Coincidí con Juan Carlos en 2º de BUP, hace más de 25 años. Desde el primer día se estableció esa química que hace que las almas se solapen, los cuerpos se abarloen y se fundan los derroteros por explorar.

Nos convertimos en grandes amigos. Los mejores amigos. Nada del otro nos era ajeno.

Los años del bachiller rebosaron experiencias. Risas, alegrías, devaneos con chicas, excesos y algún disgusto llenaban las páginas de un diario al que aún le quedaba mucho por ser escrito.

Hoy hago recuento e identifico dos estocadas y un descabello que nos deparó ese camino que creíamos eterno:

La primera estocada ocurrió con el salto a la universidad. Mi salto, porque él nunca llegó a realizarlo. Aunque nos perdimos compartir el día a día seguíamos viéndonos los fines de semana. Se perdió intensidad.

La segunda estocada llegó cuando aposté por primera vez por la relación con una chica. Mis obligaciones en la universidad y mi tiempo con Macarena llenaban de excusas nuestros baldíos intentos por compartir el rumbo. Se perdió la prioridad.

El descabello más certero llegó la semana pasada. Tras 20 años sin vernos, la indiscreción de Facebook nos reunió. Él no vivía en Madrid pero se acercaría para ver a sus padres y me propuso quedar el viernes por la noche. Me pareció una idea excelente: unas cañas, algo de cenar, unas copas y mucho que contarnos.

Nos encontramos y nos fundimos en un gran abrazo. Los años habían dejado su impronta pero no de manera alarmante. Empezamos a recordar historias que pasamos juntos.

Creo que fueron tres cañas las que cayeron. No hubo una cuarta. En algún momento ambos fuimos conscientes de que no teníamos nada que decirnos. El tiempo nos había convertido en dos extraños. Me sentía dando conversación al del asiento de al lado del metro o al paciente anterior a ti en la sala de espera del médico. Nada que decir, nada que contar. Sólo recuerdos.

Él demostró más valor que yo para dar por concluido el encuentro. Se disculpó porque no cenáramos ya que le tocaba madrugar. Lo entendí y me pareció lo mejor. Se había perdido la eternidad.

Nos despedimos proponiéndonos vernos pronto de nuevo. Pero ambos sabíamos que eso nunca ocurriría.

Según nos alejábamos recordé una magnífica canción de Quique González que puse al llegar a casa: La vida te lleva por caminos raros.

Videntes (Segunda parte)


¿Por qué personas aparentemente normales recurren a los estafadores de la videncia?

Lo que es común a todos los estafados es que se encuentran en un estado de zozobra emocional en que necesitan escuchar que las cosas van a mejorar. Problemas económicos, de salud, sentimentales, laborales.

Todos más o menos los tienen pero a ellos, los usuarios de estos servicios, la incertidumbre les angustia. Tienen que saber si recuperarán a la persona amada (o ansiada), si perderán el empleo o si su hijo mejorará.

Al otro lado de la pantalla, definidos en pequeñito y en la parte inferior como “programa de entretenimiento” para sortear implicaciones legales por fraude, una persona con nombre de cuento clásico y attrezzo de comedia confirma los deseos del pagano: volverás con él, se curará, te ascenderán, etc.

La mecánica es sencilla, qué quieres escuchar que yo te lo voy a decir. Y entre medias me pagas mis minutos de gloria a un precio al que no puedes hacer frente.

Todo este fraude es legal y en época de crisis económica y de valores se extiende como una pandemia. La sociedad tiene miedo y vive más apegada a lo que pueda ocurrir mañana que a lo que de facto ocurre hoy. Y el futuro se convierte en un terreno farragoso, difícil de interpretar en el que se sienten inseguros. Son piezas de un puzle que está por construir.

Pero afortunadamente, contamos con una legión de farsantes que ofrecerán luz allí donde sólo hay sombras, y ahora no estoy hablando de los políticos.

Videntes (Primera parte)

 

El hábito y el monje, lo cortés y lo valiente, el ruego y el mazo, el fondo y la forma. Hay realidades que según desde qué lado se las observe nos muestran molinos o gigantes.

Hace unos meses se generalizó por imperativo legal la TDT en España. Se nos vendían nuevos contenidos y grandes oportunidades de interacción. La mejora en la forma (calidad de la señal) es indudable. Sin embargo, el fondo (contenidos) es una decepción sin visos de reformarse.

Con la TDT hay tres grupos de población que se han visto beneficiados: la extrema derecha que cuenta con una programación exclusiva y extensiva, los niños que le otorgan más rédito de existir a Bob Esponja que a Vargas Llosa y los cargados de preguntas y necesitados de respuestas que alimentan el fraude de la videncia.

Los echadores de cartas, visionarios de bolas de cristal y quiromantes son parte de nuestro paisaje desde épocas pretéritas. Tenían su hueco en una sociedad sin oráculos y donde los dioses son más de escuchar que de hablar. Hoy han cambiado el carromato zíngaro o la caseta de feria por la alta definición.

Hace unos días cayó en mis manos una encuesta sobre creencias sobrenaturales en España. Y no hablo sólo del horóscopo que llena media página en los primeros periódicos del país (interesante juego de palabras). Así, entre las conclusiones más  llamativas y vergonzantes de nuestra población estaban que:

-  El 30% cree que Adán y Eva fueron los primeros seres humanos.

-  El 43% que el alma nos sobrevive tras la muerte.

-  El 38% no niega que existan los OVNIS.

-  El 22% cree en el mal de ojo.

-  El 18% que existen los fantasmas.

-  El 22% que existen las brujas.

- El  28% que existe el demonio.

Y así podríamos seguir con el cielo, los Reyes Magos, los ángeles, la reencarnación o el infierno.

Detrás de esas estadísticas se esconden cientos de miles de personas que hacen vida normal, trabajan, crían, envejecen. Usted podría ser uno de ellos y ahí le tengo, siguiendo mi blog.

¿Es eso extraño? Pues hasta cierto punto en una cultura donde se admite sin rubor que a la madre de Dios la encintó una paloma (o palomo) casi por ósmosis.

Hay cosas que nunca cambian


Cuando las huestes romanas regresaban victoriosas a la capital del imperio después de sus campañas en la Galia eran recibidas al unísono por el egregio emperador, el sumo sacerdote y una muchedumbre enfervorecida.

Era habitual que para honrar las gestas de las valerosas legiones se erigiera algún monumento, el más habitual un arco del triunfo. Por debajo de él desfilarían los futuros guerreros después de cualquier otro éxito militar.

Los tiempos han cambiado y aunque sigue siendo habitual ver en los mal llamados Funerales de Estado a los mismos cuatro poderes, el rey, el obispo, el general y el pueblo, esto sólo ocurre ante la adversidad. Ventajas de vivir en tiempos de paz.

Sin embargo, como si de un déjà vu se tratara, los últimos días he tenido la oportunidad de regresar a aquellos tiempos pretéritos que con la algarabía propia de las masas me han retrotraído 2.000 años en el tiempo.

Una boda real en pleno siglo XXI paralizó un país que poco tiene de bananero.

Una rauda beatificación en pleno siglo XXI de aquél que comulgó con dictadores y pederastas ha sido motivo de bulla por sus acólitos más fieles.

Y un crimen de estado en pleno siglo XXI maquillado como acción militar ha lanzado a la calle al hombre-lobo del que habló Hobbes, el filósofo inglés (Homo homini lupus est).

Londres, Roma e Islamabad. Reyes, obispos y generales. Siempre juntos.

Aquí huele muy mal


Hay ingenuos que creen que un pedo se puede ocultar con una tos. Nada más lejos de la realidad.

En los últimos días y previo a las elecciones de mayo estamos asistiendo a un escenario político flatulento que no hay Aerored que palie. Candidatos imputados e incluso condenados judicialmente campan a sus anchas por las listas electorales, convirtiendo a éstas en retretes de la democracia, pura letrina.

Los partidos, conscientes del hedor que dejan a su espalda, tiran de ambientador con dos aromas, el clásico “y tú más” y la novedad de la temporada “no fue para tanto”.

El ejercicio natural de la evacuación o desahogo excrementicio se convierte con la política en arte. Como aquel “artista” contemporáneo que no sentía rubor en exponer sus propias heces en frascos adecuadamente sellados, las listas electorales se completan con falsos servidores públicos que quieren hacernos pasar el bolo fecal por la abnegación en el desempeño de su cargo.

Los paleontólogos y los buenos cazadores lo saben: no hay mejor fuente de información que el estudio del producto excretado. Las heces bien analizadas son el ADN y la biografía de su propietario: reino, clase, orden, familia, género, especie y dieta. Todo sale sin opción de eliminar el rastro.

Y hete aquí, que cuando hacemos el oportuno análisis del coprolito electoral nos encontramos con dos especies distintas: el sinvergüenza y la sinvergonzonería. Parecidos pero no iguales.

El sinvergüenza es el “caganet”, el que valiéndose de su cargo público se ha limpiado el culo con la ética y creyéndose limpio ha continuado camino por otra legislatura.

La sinvergonzonería viene del “coprófago”, que camina detrás del anterior eliminando cualquier resto que el otro haya dejado y dándole vía libre para que continúe su miserable carrera de servidor público.

Pero como siempre ocurre después de una opípara comida, y a fe que aquí la es, no hay gasecito que se esté quieto y acabe encontrado su vía de escape para hacerse notar en forma de pestilencia.

Y qué quieren que les diga, aquí cada vez huele peor.

Papá, ¿nosotros somos progres?

- Papá, ¿qué es ser un progre? – Me pregunta Manuel

- Es una forma burlona de dirigirte a alguien que es más de izquierdas. Es como llamar a los de derechas fachas.

- ¿Y por qué progre?

- Progre es por progresista. Frente a los conservadores que postulan mantener las cosas invariables (conservar el pasado), los progresistas buscan que las cosas cambien (que progresen).

- ¿Y nosotros papá? ¿Somos progres?

- Pues Manuel, si creer que la riqueza se puede repartir de manera más equitativa, …si estar en contra de los abusos del poder político, …si creer en la libertad de culto sin preferencias de ningún tipo, …si apostar por servicios públicos de calidad, …si entender que el aborto es un mal necesario, …si confiar en que se puede ofrecer una educación eficaz universal y pública, …si estar en contra de las injerencias de los gobiernos en el poder judicial, …si tratar desde la igualdad y el respeto las uniones entre personas al margen de su sexo, …si sensibilizarse con los asuntos del Tercer Mundo como si ocurrieran en nuestro barrio, …si tratar la inmigración con comprensión humanitaria, …si alimentar la memoria histórica para que perviva y nos guíe, …si estar contra la pena de muerte y las cadenas perpetuas, …si imaginar que nunca es necesario recurrir a las armas para resolver un conflicto, …si echar de la vida pública al político ladrón y aprovechado, …si creer en el derecho a la autodeterminación de los pueblos soberanos, …si castigar a los culpables de la crisis actual, …si defender la dignidad de los animales en todas sus formas, …si creer que la libertad de expresión tiene un límite, …si aportar un retiro digno a las personas mayores…, si defender el derecho a morir dignamente, …si esperar que los únicos reyes que existan sean los de la baraja…

…si eso es ser progre, somos progres hijo.

Charlatanes en la TDT


Manuel se ha puesto malo y no va a ir al cole. Le dejo que se quede a ver la tele conmigo por la noche.

Hacemos zapping y navegamos por todos los canales que ofrece la TDT. Manuel rápidamente se da cuenta de algo y me lo dice.

-  Papá, ¿por qué hay tantos programas de gente discutiendo?

-  En realidad no discuten. O sí. Bueno, se llaman tertulias y se supone que deben favorecer el intercambio de ideas. Pero a menudo se suben de tono y pasan a la discusión.

-  ¿Pero por qué hay tantas?

-  Yo creo que principalmente porque son muy baratas. Con estos programas llenas dos horas y sólo tienes que pagar una pequeña cantidad a los tertulianos. No hay reportajes, los decorados son simples. No sé, creo que debe ser por el coste.

-  ¿Y están todos los días hablando? ¿Siempre tienen algo que decir?

-  Eso es lo más curioso, que siempre tienen algo que decir. El tertuliano profesional se atreve con todo. Lo mismo te habla de economía, que de política, de arquitectura o de salud. Se presentan ahí con la soberbia de creerse maestros en cualquier materia que les tiente.

Pero no es cierto. En general lo que hacen es estirar dos o tres ideas, pocas veces propias, y así, entre que habla uno, el otro discute, que nos vamos a publicidad…pues ya hemos cubierto dos horas.

Otro problema es que en las tertulias no se suelen escuchar unos a otros. Cada uno libera, sí, porque lo que hacen es casi excretar, su frustración por medio de la palabra o el insulto, lo que no crea un pensamiento útil. Al final todo son ocurrencias que se lanzan sin esperar que aporten ningún valor.

- ¿Y los que gritan tanto?

-  Forma parte del programa. Hace poco un exministro lo reconoció en un juzgado, que en esas tertulias tiene la obligación de crear tensión. Parece que es la única forma de llamar nuestra atención.

¿Sabes qué es lo peligroso de todo esto? – Le pregunto a Manuel

-  ¿El qué?

-  Que muchos de los que siguen estos programas no tienen la formación suficiente para diferenciar un sarcasmo, una exageración, una burla o una mentira de la realidad. Luego, se van a la cama con una semilla de ideas que pueden germinar de manera peligrosa, porque no se sustentan sobre la realidad objetiva y encima son prestadas, ni siquiera ese poso de pensamiento es propio.

-  ¿Y eso es legal?

-  Sí, sí lo es. Aunque la Libertad de Expresión no es un comodín ilimitado como muchos creen y al que se agarran para  decir cualquier cosa en un medio de comunicación.

-  Como cuando me dices que siempre piense antes de hablar.

-  Más o menos Manuel. Más o menos.

La jaula de los empollones

Me pregunta Manuel si él podrá ir al colegio que quieren abrir en Madrid para niños “empollones”.

-  Pues es poco o nada probable que vayas. Vamos, te diría que absolutamente improbable. – Le contesto con sorna.

- ¿Por qué papá? ¿No soy suficientemente listo?

-  Eres un niño inteligente, pero no sé si con el nivel que exigirán para ir a ese centro o debería decir gueto. Porque no nos engañemos, ahí lo que quieren hacer es una jaula de oro en la que criar individuos superlativos y que no se relacionen con los comunes, no sea que se les peguen los vicios de éstos.

-   Pero yo no veo mal que se dedique más atención a los que son más inteligentes y así no se retrasen por los que no lo son.

-  Manuel, yo estoy en contra de cualquier segregación. Cualquiera. Y por lo tanto no puedo aceptar que se trate de manera diferente a unos niños frente a otros. Las separaciones siempre crean grupos que acaban convirtiéndose en nosotros y ellos, los iguales y los diferentes y a la postre, los buenos y los malos.

Además, estamos hablando de inteligencia. ¿Qué inteligencia? Hay muchas. Gardner hablaba de inteligencias múltiples, Goleman de la emocional, Epstein de la experimental, Weschler de la fluida y cristalizada, Spearman de la G y la específica. No basta con decir que un niño es inteligente. Puede destacar en una de ellas y ser un zangolotino en otras. El mundo está lleno de ejemplos que muestran esos desequilibrios.

Criarse en la diversidad, cultural, racial o intelectual  enriquece mucho a las personas. Les enseña a compartir y a conocer las diferencias. Les hace más tolerantes de mayores. Ayudar al compañero más lento y ser consciente de que no todos somos iguales evita que luego se creen castas intelectuales.

Hitler abogaba por una única raza perfecta, la aria, sin mezclas impuras con otras de menor calado. Empezó por separar a los suyos y acabó por encerrar a los diferentes. Hoy nos parece una barbaridad sobre todo si percibimos el entorno global y diverso en el que nos movemos.

-  ¿Entonces qué se puede hacer con un niño más listo para que no se pierda su ventaja?

-   Mi primera demanda es mejorar la educación para todos, los listos y los menos listos, que hoy en día es lamentable. Vamos a la cola del mundo desarrollado en este sentido. Y luego sí, actividades especiales para estos niños en momentos concretos, como se refuerza a los menos afortunados, pero sin segregar, sin separar.

Considero un error mandarles a un oasis educativo que no sería más que un espejismo en las arenas hirientes de nuestro ineficaz sistema educativo.

Heroínas de barrio

Manuel se sorprende por el interés que muestro en seguir el programa de “Princesas de Barrio”.

-  Papá, ¿de qué va esa serie?

-  Es tele-realidad. La vida diaria de unas chicas humildes que a pesar de que nacieron teniéndolo todo en contra nunca se dan por vencidas.

-  Pero tú siempre dices que tenemos que saber escoger programas de calidad en la televisión.

-  Sí, es cierto. Siempre os digo eso y lo mantengo. Esta serie me parece de lo más educativo que hay en la televisión. A mí me muestra un mundo que desconozco pero que sé que existe. Es una ventana a un paisaje gris que tenemos detrás de casa pero por el que nunca caminamos. Es como otra dimensión.

Además, esas chicas nos enseñan unos valores que ya quisieran muchos de extenso abolengo con apellido conjuntivo y prepositivo. Son chicas que comienzan a competir perdiendo. Su carrera empieza varios metros por detrás de la tuya y sin embargo, no desfallecen. Se esfuerzan por llegar a la meta, aunque nunca vayan a ganar la carrera.

Generalmente provienen de familias desestructuradas, sumidas en el desempleo, con amigos que han caído en la droga, familiares con antecedentes penales, padecen embarazos tempranos, apenas cuentan con escolarización. Pero por las noches sueñan, como tú y como yo. Y a la mañana siguiente con las pocas herramientas que les ha dado la vida intentan construir sus sueños.

No son sólo princesas, son heroínas de barrio.

-  Pero papá, yo no tengo la culpa de haber nacido en una familia con  más dinero y menos necesidades.

-  Claro que no. No te debes sentir culpable por eso. No pasa nada porque tengas un ordenador para ti solo o televisión en la cocina. Seguramente de mayor aprenderás dos o tres idiomas y estudiarás algún año en el extranjero. No te sientas culpable por eso.

Pero eso sí…

-  ¿El qué papá?

-  …hazte merecedor de lo que tienes.

¿Nucleares? No, gracias

-  Papá, ¿nucleares sí o no? – Me pregunta Manuel

-  Nucleares no. Definitivamente no. No y no.

-  ¿Es por lo de Japón? ¿Te has asustado?

-  No Manuel. Yo siempre he estado en contra de esa energía sucia, peligrosa e innecesaria. Con accidentes o sin ellos la energía nuclear ya es en sí dañina.

¿Sabías que los residuos nucleares tardan 100.000 años en eliminar su toxicidad? ¿Sabías que el ser humano actual sólo lleva en la tierra 50.000 años? Sí, la mitad.

Si hay accidente los efectos son devastadores en los afectados y en sus descendientes. Y si no lo hay, son centenares de generaciones las que tienen que vivir con sus restos contaminantes.

-  Pero entonces no vamos a poder encender la luz.

-  No Manuel. Eso no es cierto. Italia, que no es el Tercer Mundo, no tiene nucleares.

Eso es lo que nos quieren hacer pensar los que ganan mucho dinero con la energía nuclear, porque se gana mucho dinero. Ahora hay dos expresidentes de gobierno que lo saben muy bien.

La clave está en dos cosas muy fáciles de entender pero difíciles de materializar: primero invertir en energías renovables y limpias como la solar o la eólica y en segundo lugar aprender a hacer un uso responsable de la energía.

Se acabó dejar las luces encendidas, comprar electrodomésticos de alto consumo, el alumbrado público que hace desaparecer la noche, o contar con industrias que no invierten en reducir su uso energético porque la factura que pagan no es suficientemente alta.

La energía, como el agua es muy barata y eso nos impide controlar su uso. Habría que subir su precio de tal manera que los que más consuman paguen exponencialmente más. Y así tratar de mentalizarles.

-  ¿Tú crees que en el futuro seguiremos utilizando energía nuclear?

-  Desgraciadamente sí. La energía nuclear es muy impopular y los políticos lo saben. En campaña hablan de las otras energías limpias y limitar los años de vida de las centrales. Pero cuando llegan al poder tienen muchas deudas que pagar por las grandes corporaciones que los han aupado, como las compañías energéticas, y entonces callan y otorgan.

-  Pues vaya mierda – Se lamenta Manuel con desesperación.

-  ¿Qué mierda? ¿Las nucleares?

-  No papá, todo. Todo es una mierda.